El caso del despido de Carmen Aristegui de la cadena Multivisión, y específicamente de la radiodifusora MVS, permite analizar muchos vértices de la libertad de expresión en México. No sirve de nada teorizar y anteponer un escenario sociopolítico como se vivía en tiempos del PRIato. Es más productivo inferir las diferencias entre aquel gobierno y el actual (desde la entrada del PAN al poder ejecutivo).
Primero hay que destacar la gran apertura y tolerancia que hubo para la prensa justo cuando Vicente Fox entró al mandato. Era evidente la deficiencia intelectual y la poca capacidad del ex mandatario para tomar decisiones importantes para toda una nación. Dentro de los costos que produjo esta impotencia fueron los de tipo político; quién no recuerda aquella desafortunada llamada que sostuvo Fox con el ex presidente cubano Fidel Castro, en la cual se le ocurrió al mexicano limitar al canciller de la Isla para que en su visita a México no tocara temas relacionados al país del Norte, con un incipiente y fallido “Comes y te vas”.
Desde ese sexenio los medios de comunicación parecieron desquitar toda esa represión y censura que arraigaban de tiempos pasados. La técnica fue mofarse y satirizar sin medida al presidente de las botas y el bigote. Así, la caricatura política fue un elemento trasgresor y un parteaguas para el “cambio”. El ataque directo de los gobiernos a periodistas disminuyó y hasta en eso se cayó en la ineficiencia.
A pesar de toda esta evolución, aun quedan las reminiscencias de aquellos ejercicios de censura institucional y federal. Hoy, la presidencia niega haber hecho “berrinche” y por el contrario, se jacta de respetar y valorar el trabajo periodístico libre. El escepticismo de la opinión pública es real porque el cuestionamiento fue directo: “¿Felipe Calderón es o no un alcohólico?”En realidad Carmen Aristegui pecó de ingenuidad o en su caso, pretendió cimbrar los mas profundos cimientos de un gobierno con el cual se encuentra inconforme ¿Se hubieran imaginado que el presidente hubiera contestado afirmativamente?
Los ciudadanos e interesados en el tema polarizan las opiniones ya que la cuestión ahora es si Felipe Calderón es un “borracho” empedernido – tema de salud en funcionarios que no se ha analizado lo suficiente, es decir, si es trascendental para un país que su presidente tenga una enfermedad de esta índole-.
Otra de los dilemas es la posición de la compañía MVS. Vale la pena decir que se trata de una empresa privada con fines de lucro. Al verlo así, las criticas contra la radiodifusora disminuyen ya que cualquier inversionista siempre priorizará el beneficio económico y evitara tener conflictos con los llamados poderes fácticos de los cuales depende. En una palabra, MVS es un negocio y como tal, contrató a una periodista con un grado de popularidad bastante conveniente. Y ahora la despide.
En la supuesta conferencia de prensa que dio Carmen Aristegui (no hubo sesión de preguntas) insistió en la influencia del gobierno federal por su despido, exigió disculpas a los empresarios Vargas (dueños de MVS) y rechazo una disculpa de su parte por la mentira de que difundió un rumor como noticia (algo también debatible, ya que a partir de rumores se han desarrollado investigaciones reveladoras). Mucho se habla acerca de una triple indemnización que recibió la periodista y de su probable regreso a la radiodifusora y por supuesto, hubo muchos reporteros que se quedaron con ganas de cuestionarla en ese sentido.
Es por eso que la tan vanagloriada libertad de expresión depende de un hilo que sostienen grandes empresarios que, en su mayoría, están poco interesados en el valor editorial de la información y en el efecto benéfico que tiene en la sociedad. Los medios gubernamentales son pocos y están estancados en términos de calidad y propuesta. Al final, no hay que perder de vista eso.
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